La limpieza de una línea no depende únicamente de los procedimientos CIP. También depende de algo mucho más difícil de detectar: los puntos donde el producto puede quedarse atrapado. Las llamadas "zonas muertas" son áreas dentro de los equipos o sistemas de tuberías donde el flujo no circula adecuadamente, permitiendo la acumulación de residuos que […]
La limpieza de una línea no depende únicamente de los procedimientos CIP.
También depende de algo mucho más difícil de detectar: los puntos donde el producto puede quedarse atrapado.
Las llamadas "zonas muertas" son áreas dentro de los equipos o sistemas de tuberías donde el flujo no circula adecuadamente, permitiendo la acumulación de residuos que pueden comprometer la limpieza y la sanitización del proceso.

El problema es que estas áreas suelen permanecer ocultas durante la operación diaria, convirtiéndose en un riesgo potencial para la calidad del producto, la inocuidad y el cumplimiento de normativas sanitarias.
Por ello, la higiene de un proceso comienza mucho antes de la limpieza. Comienza desde el diseño del sistema.
En nuestro nuevo artículo exploramos cómo la geometría interna de los equipos puede influir en la capacidad de limpieza y qué aspectos deben considerarse para reducir el riesgo de acumulación de producto.

